Liébana y Picos de Europa VISITA GUIADA Municipios Naturaleza Historia Monumentos Rutas Ocio y fiestas

Historia

LIÉBANA

ETNOGRAFÍA

ARQUITECTURA POPULAR

Historia de LIÉBANA

La comarca lebaniega ha sido un importante foco cultural a través de la historia. Durante la Edad Media se edificaron en la comarca gran número de iglesias y monasterios y alguno de ellos ejerció un amplio dominio sobre la población.

Cada vez se va conociendo más sobre las antiguos pobladores de esta tierra, debido a excavaciones arqueológicas realizadas en los últimos años y mejores estudios de campo.

Se sabe que las poblaciones del paleolítico vivieron en el pleistoceno, dedicándose a la caza, pesca y recolección, aunque muy probablemente durante esta época, los Picos de Europa estuvieron cubiertos de nieves perpetuas. De esta época existen muy pocos indicios de poblaciones en Picos de Europa. En el caso de Liébana el yacimiento al aire libre de El Habario, entre Pendes y Cabañes (Cillorigo) es el más importante, habiendo sido estudiado recientemente y recuperándose instrumentos líticos.

A partir del año 9000 antes de Cristo el clima va mejorando y poco a poco se irá asemejando al actual. El epipaleolítico, entre 11150 y 8000 a.C. y el mesolítico, entre el 8000 y 5000 a.C, son etapas donde se evoluciona y se mejoran los modos de vida. De la época mesolítica es el yacimiento de La Mina, abrigo rocoso en las inmediaciones de Dobarganes, donde se han encontrado objetos de silex.

El paso a la etapa neolítica será fundamental al aparecer la agricultura y ganadería. En Liébana y Picos de Europa hay un importante número de monumentos megalíticos, formados por tumbas de gran tamaño, que corresponden a esa época. En Liébana se ha excavado y estudiado durante varias campañas la necrópolis de la Peña Oviedo, por encima de Mogrovejo y cerca de La Calvera, situando el yacimiento, después de los análisis realizados en varios puntos, a principios y mediados del cuarto milenio. En las excavaciones han aparecido fondos de cabañas y silos con restos de cereales, así como cerámica, lo que sin duda abre una vía importante al conocimiento de como vivían estas poblaciones.

Se pueblan zonas de montaña y prueba de ello lo tenemos en los restos existentes en prácticamente toda la comarca: la sierra Bora, en el municipio de Vega de Liébana; la Peña Oviedo y Áliva, en el municipio de Camaleño; Peña Sagra, Pasaneo y Pelea, en Cabezón de Liébana y Cillorigo y Camponuera, en Pesaguero, son algunas de las zonas con mayor número de dichos restos.

De la época del Calcolítico hay indicios más escasos, conociéndose un hacha plana de Pendes (Cillorigo), un hacha localizada en el área de Pico Jano y una punta de jabalina de tipo palmela, en Potes, que podrían fecharse hacia el 2500 a.C. En la Edad de Hierro, han aparecido piezas aisladas, como la fíbula de Bárago o cerámicas en la cueva de Covarada (Cillorigo).

Las guerras cántabras (29-19 a.C) van a tener importancia en Liébana y Picos de Europa. El jesuita Eutimio Martino estudió sobre el terreno los posibles lugares de los enfrentamientos de cántabros y romanos y llegó a la conclusión de que Augusto lanzó una columna central a través de los puertos de Pineda a Liébana, mientras que la columna oriental remontaba el curso del río Cea y el alto Esla, dirigiéndose a los Picos de Europa. Desde Bérgida los cántabros derrotados huyeron al Mons Vindius, los Picos de Europa. Martino localiza los principales enfrentamientos militares en la comarca lebaniega e identifica el Monte Medullius con Peña Sagra. Lo cierto es que importantes restos de calzadas romanas, de muros de defensa y fosos han sido localizados en la comarca.

En Liébana se conservan varias estelas y algunos restos de inscripciones, incrustados en muros: Luriezo, Villaverde, Lebeña y Bores son las más significativas.

Dos oratorios rupestres se localizan en la comarca; uno en Cueva Santa, en el monte Viorna, en las cercanías del Monasterio de Santo Toribio, donde la tradición asegura que oraba el monje Santo Toribio, y que por sus características pudo ser construido entre los siglos IX y X, y la ermita rupestre de Cambarco (Cabezón de Liébana), descubierta recientemente y fechada por los expertos entre fines del VIII y principios del IX.

Liébana se cita en la Crónica de Alfonso III dando noticia de su poblamiento. Después de la batalla de Covadonga los árabes supervivientes al cruzar los Picos de Europa, y al pasar por las proximidades de Subiedes (Camaleño), fueron sepultados por el desprendimiento de un gran "argayo". En la época medieval aumenta de forma considerable la población y la comarca se convierte en un importante foco de monasterios: San Salvador de Villeña, San Facundo y Primitivo de Tanarrio, Santa María de Cosgaya, Santiago de Colio, etc. Dos monasterios van a tener una extraordinaria importancia sobre los valles de la comarca: San Martín de Turieno, posteriormente conocido como Santo Toribio de Liébana, y Santa María de Piasca. Es posible que Beato de Liébana escribiera los Comentarios al Apocalipsis en el monasterio de Santo Toribio. En el siglo X Liébana está regida por un conde y a partir de mediados del siglo XIII forma con Pernía una de las merindades del Reino de Castilla. Posteriormente vemos como en el Becerro de las Behetrías, de 1353, predominan los linajes locales.

Don Tello, hijo del rey Alfonso XI, quien había conseguido por concesión real el señorío de Liébana, obtenía la titularidad señorial sobre las poblaciones solariegas de los valles al descender el influjo del poder monástico en la comarca. Es a mediados del siglo XV cuando la comarca pasa a ser señorío de la Casa de la Vega y Marquesado de Santillana y, posteriormente, de los Duques del Infantado, que tendrían un gran poder en la zona hasta comienzos del siglo XIX.

En época moderna se forman las Juntas de la Provincia de Liébana, que serán el órgano de gobierno de la comarca, con representantes de todos los valles que toman acuerdos y aprueban ordenanzas. Las Juntas estaban presididas por el Corregidor o por su teniente que eran nombrados anualmente por el Duque del Infantado, asumiendo la jurisdicción civil y militar y presidiendo las Juntas. En 1785 Potes es de señorío secular, con un alcalde mayor que es nombrado por el Duque del Infantado.

Durante la guerra de la Independencia los lebaniegos lucharon por su libertad y merecieron los elogios del general Mahy, que les denominó "habitantes ilustres de Liébana". En el año 1838, durante la Primera Guerra Carlista, se produce una cruel batalla en las cercanías del pueblo de Vendejo (Pesaguero). Ya en este siglo la comarca sufrió los terribles efectos de la guerra civil española y la villa de Potes fue quemada en la retirada de las tropas republicanas, siendo reconstruidos sus edificios años después.

 

TRADICIONES Y FOLCLORE POPULAR

Liébana es una comarca donde las tradiciones y costumbres se han mantenido presentes entre sus habitantes. En las largas noches de invierno, cuando la nieve cubría los campos y las aldeas, la familia se reunía en la cocina en torno al fuego. Era el momento para que los más ancianos, que habían recogido la tradición de sus mayores, enseñasen al resto de la familia su particular legado que incluía los mitos, leyendas, cuentos y romances, que así, oralmente, trasmitían a las nuevas generaciones.

Cuando un cura del pueblo cantaba su primer misa el acontecimiento religioso no pasaba desapercibido. Con el fin de acompañar al nuevo "misacantano" hasta la iglesia las jóvenes del pueblo cantaban canciones y portaban un arco engalanado con flores y cintas, bajo el cual iba el nuevo cura. Igualmente, la llegada del obispo hasta las parroquias era un gran motivo de satisfacción para los vecinos.

Al entrar la primavera, todas las tardes de los domingos, a excepción de los de Cuaresma, al son de tambor y pandereta, se hacía baile en los pueblos; también, se realizaban novenas en la iglesia o ermita y, durante el mes de mayo, después de concluir las faenas, se juntaban los vecinos a rezar el rosario en la iglesia y las mozas cantaban las "flores a María".

Pasado el tiempo de carnavales, de comparsas y zamarrones, llega la Semana Santa que siempre se ha vivido con gran fervor religioso. Bedoya es el valle donde mejor se conservan estas tradiciones; el Calvario, el Rosario de la Buena Muerte, los cantares de Resurrección y la procesión con las estaciones del Calvario, son algunas de esas manifestaciones de religiosidad popular.

En Vega de Liébana se celebra el domingo de Ramos una procesión , desde la iglesia parroquial de la Vega hasta la iglesia parroquial de Vada, portando en andas a la Virgen de la Piedad, de gran devoción en el municipio. Durante la procesión se realiza el viacrucis de las estaciones del Calvario.

Liébana ha sido lugar de origen de bailes y danzas populares que diversos grupos folclóricos de la región han potenciado, como el "Trepeletré", " El Pericote" y "El Pájaro Bobo".

Sin duda las coplas con mayor ingenio y más representativas del sentir tradicional y folclórico de la comarca, han sido las que se entonaban cuando algún miembro de la comunidad rural se casaba. Desde muy antiguo existe la tradición de "pedir los derechos", que así se denomina al regalo que debe de hacer un mozo de otro pueblo o valle a los mozos del pueblo donde ronda a la moza con pretensiones de llevarla al altar. Generalmente el regalo consistía en una cántara de vino o un cordero. El día de la ceremonia religiosa se preparaban canciones que, de forma espontánea, entonaban mozos, mozas e invitados al banquete nupcial.

Llegado el verano comenzaba en los pueblos la labor de la recogida de la hierba. La actividad tradicional se paralizaba hasta que se iniciaban las romerías y fiestas en aldeas y ermitas. San Juan, en la Virgen de la Luz; San Pedro, en Tresviso; San Pedro de Toja, en Bedoya; Valmayor, en Potes; San Tirso, en Ojedo; La Salud, en Áliva; San Bartolomé, en Frama; el Corazón de Jesús, en el Pico San Carlos, y la Cruz, en Potes, están entre las romerías más concurridas.

Pasaba el verano y comenzaba el otoño, con la época de la vendimia. Después de recoger el fruto, llevarlo a las tinas y pisarlo, la familia y los vecinos se reunían en torno a la alquitara donde se elaboraba el orujo.

El ciclo anual que giraba en torno a la vida del lebaniego iba concluyendo con la llegada del invierno, cuando los villancicos, el "ramo de Navidad" y, las canciones de aguinaldos, sonaban con gran fuerza en todas las aldeas de la comarca.

 

LA ARQUITECTURA POPULAR LEBANIEGA

Se caracteriza por el aprovechamiento desde la antigüedad de la madera y la piedra, que junto con la teja, conformaban los elementos más importantes en la realización de dichas construcciones.

Los edificios tradicionales, están generalmente formados por dos plantas, con fachadas de sillería y esquinales de mampostería. Los edificios más nobles, tienen la fachada de sillería, con la presencia del escudo de armas representativo del linaje del dueño de la vivienda.

En dichos edificios, la planta baja se destinaba a cuadra, principalmente y, la superior, era donde se encontraba la vivienda, donde además de los dormitorios, la pieza básica donde giraba la vida familiar, era la cocina, donde pendían los viejos llares del techo y donde se aprovechaba el horno de pan, para disponer de dicho alimento para todos los miembros de la familia. Las vigas y el resto de los entramados y pilares, además de la cubierta, son de madera.

Los portalones y las solanas, son muestras poco representativas de la arquitectura popular lebaniega. El hórreo, construcción de madera sostenida por cuatro pilares, de piedra o de madera y, con cubierta a dos o cuatro aguas, estaba dedicado a despensa y almacén, principalmente de frutos, situándose en las inmediaciones de las viviendas.

La arquitectura popular lebaniega, contempla una serie de caracteres comunes, que se encuentran en la mayor parte de los pueblos que aún conservan rasgos de su tipismo tradicional; así, el arco de medio punto con grandes dovelas, en las viviendas de mayor prestigio; troncos de árboles en forma de cargaderos, en las puertas de las viviendas más antiguas y humildes; entramados de madera con adobe; trenzado de varas de avellano en los tabiques interiores; espadañas en las iglesias; los hórreos; los hornos de pan; las escaleras de acceso a las viviendas; los aleros, labrados en las casas más nobles; cierres de prados y huertas, etc. Todo ello hace que la arquitectura tradicional de los pueblos lebaniegos tenga un singular encanto.

Horno de pan en el exterior de una casa.

Restos de un antigüo lagar en Rases (Potes).

Historia:
CABEZÓN | CAMALEÑO | CILLORIGO | PESAGUERO | POTES | TRESVISO | VEGA