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Historia
CABEZÓN DE LIEBANA
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El actual ayuntamiento de Cabezón
de Liébana está formado por las entidades de población
siguientes: Frama, Cambarco, Luriezo, Cahecho, Aniezo, Cabezón
de Liébana, Torices, Perrozo, San Andrés, Buyezo,
Lamedo, Piasca, Los Cos y Yebas, con sus respectivos barrios.
Después de dejar el pueblo de Ojedo (Cillorigo), iniciamos
la ruta hacia el puerto de Piedras Luengas para atravesar el
municipio de Cabezón de Liébana. Pasamos por el
pueblo de Frama, donde ya se cita en el mes de enero de
1301 el Monasterio de Santa María, situado en las cercanías
del barrio de Lubayo; no obstante, desde el año 957 hay
constancia documental de la existencia de Frama. El río
Bullón dividía en la antigüedad dos entidades
de población con dos iglesias: Nuestra Señora de
Santa María de los Caballeros y la iglesia de San Bartolomé,
que se cita en ordenanzas de 1614, además de los barrios
de Lubayo, Valverde y el Barrio, éste último, desaparecido.
El Marqués de Santillana, Iñigo López de
Mendoza, escribió en las "Serranillas" lo siguiente:
" Dixo cavallero, tiratvos a fuera, desxat la vaquera,
passar el otero, cados labradores me piden de Frama entrambos
pastores."
La iglesia parroquial actual fue construida
en 1766 y conserva una puerta románica de arco
algo apuntado, con arquivoltas de medio punto. El arco está
decorado con dientes de lobo incisos, excepto la clave y una
dovela. Pudo pertenecer al monasterio de Nuestra Señora
o de la antigua iglesia de San Bartolomé.
Dejamos Frama y antes de llegar al puente Vieda una
carretera a la izquierda nos lleva al antiguo valle de Valdeaniezo,
para encontrarnos con el pueblo de Cambarco, que conserva
el tipísmo en sus edificaciones y donde se descubrió
una ermita rupestre, que data entre finales del siglo
VIII y principios del IX. En Cambarco existió la antigua
iglesia de San Martín, documentada desde el año
1145. Ésta iglesia se encontraba en el
lugar que hoy ocupa el cementerio parroquial, en el barrio de
San Andrés, donde aún se conservan restos. En la
iglesia parroquial y en la sacristía hay una antigua portalada
románica, del siglo XII, toscamente tallada en piedra,
con tres arquivoltas de medio punto que apoyan sobre cimacio
simple. El retablo del altar es del siglo XVIII. Al fondo del
valle, y continuando la ascensión por la carretera, se
encuentra el pueblo de Aniezo, citado desde el año
1145. Fue población de molinos y pisas, además
de hábiles artesanos de la madera. Hoy, conservando aún
viviendas tradicionales, nos podemos acercar a ver el puente
romano, la pisa y el molino, en el centro de la población.
En Aniezo está, también, la ermita de la Encarnación,
situada en un altozano y donde según la tradición
nació Beato de Liébana. En el barrio de Somaniezo
se construyó en 1893 la ermita de San Juan Bautista y
de Santa Rosa de Lima; también se puede contemplar un
hórreo.
Otros dos pueblos forman el valle: Luriezo
y Cahecho. De Luriezo sabemos que tenía el
monasterio de San Miguel y San Pelayo, en el año 1031.
La iglesia parroquial fue construida en el año 1823 y
en el interior de su pórtico se encuentra una magnífica
estela cántabro-romana. Desde Luriezo la carretera nos
conduce al pueblo de Cahecho, un maravilloso mirador sobre
el valle de Liébana, la Cordillera Cantábrica y
los Picos de Europa, donde el viajero disfrutará de la
belleza de un paisaje único. Existe constancia documental
del pueblo desde el año 950 y en el año 1352 era
dos partes solariego y una abadengo. En el interior de la iglesia
hay un bello retablo renacentista, probablemente del siglo XVI,
con Virgen gótica del siglo XIV. En el valle de Valdeaniezo
se regulaban antiguamente las cacerías de osos, debiendo
acudir a las monterías un vecino de cada casa y en caso
de matar a un oso repartir el cuero por pueblos, según
un orden establecido.
Regresamos de nuevo al puente Vieda y continuamos
ruta por el valle llegando a Cabezón de Liébana;
antes, al otro lado del Bullón, contemplaremos el
barrio de Cabariezo. En el pueblo de Cabezón
de Liébana, sede del ayuntamiento, se conserva en
la entrada al cementerio parroquial una puerta románica
de la antigua iglesia de san Emeterio y San Celedonio. La puerta
tiene arco apuntado, arquivoltas de baquetón y billete
y capiteles labrados. En el interior del recinto un panteón
fue la capilla principal de la antigua iglesia, con arco apuntado
en la entrada a dicho panteón. En el exterior hay canecillos sencillos y una ventana geminada
de estilo gótico. La iglesia actual se construyó
en 1880. La ermita de la Virgen de Guadalupe se construyó
en 1793 y la ermita del Carmen, barroca, fue construida en el
año 1727. Tiene planta cruciforme y pinturas en las bóvedas
de la misma fecha.
Desde Cabezón de Liébana ascendemos por una
carretera a la izquierda de la ruta principal para conocer el
pueblo de Torices, donde hubo en la antigüedad dos
monasterios: San Martín y Santa Cristina. En la iglesia
parroquial actual destaca una puerta de acceso, románica,
con arco de medio punto. En el interior hay interesantes retablos
de los siglos XVIII y XIX y una magnífica pila bautismal.
La espadaña exterior es de finales del siglo XII.
De nuevo volvemos a la carretera que conduce
a Piedras Luengas y esta vez tomamos una desviación a
la derecha para subir hasta el pueblo de Piasca, donde
se conserva una de las joyas arquitectónicas de Liébana,
la iglesia románica de Santa María, una visita
obligada. La primera noticia que tenemos de la existencia de
Piasca es del año 930 y daba el nombre a la Jurisdicción
de la Pared de Piasca con las poblaciones de Aceñaba,
Ubriezo, La Casilla, Tabarniego, Los Cos y Yebas. Cerca de
la población hubo un castillo que dominaba el
valle y que se cita en documentación del siglo XII. En
Tabarniego existió la iglesia de San Clemente; en Los
Cos, el monasterio de San Julián y los pueblos de Aceñaba
y Ubriezo, por estar incluidos en el concejo de Piasca, eran
de abadengo del abad de Sahagún en el año 1352.
Hubo poblaciones que desaparecieron, como Rinde, con su iglesia
de San Román, en las cercanías de Aceñaba;
en Yebas quedan aún restos de la antigua iglesia de Santa
María en los muros del cementerio parroquial.
Vamos a conocer los pueblos del antiguo Valle
de Valderrodíes y para ello continuamos ruta a Piedras
Luengas. Después de llegar a Puente Asnil, junto a la
carretera, una desviación a la izquierda nos pone en dirección
a dichos núcleos de población. Así, subimos
al pueblo de Perrozo, con seis barrios muy diseminados,
desde donde se domina una bella panorámica del macizo
Oriental de los Picos de Europa, y conocemos su iglesia. Desde
el siglo XI se documenta aquí el antiguo monasterio de
Santa María, que se encontraba en el mismo lugar que hoy
ocupa la iglesia parroquial. A la entrada de la iglesia hay dos
olivos de gran antigüedad. La puerta de entrada es muy bella,
románica, enmarcada por un alfiz de arco apuntado decorado
con su rosca y sus dos arquivoltas. Los capiteles están
adornados con curiosas y originales figuras. Todo el conjunto
es románico del siglo XIII. En el exterior se pueden observar,
en el muro del ábside, canecillos tallados, así
como dos ventanas, una de ellas geminada.
De nuevo en la carretera que nos adentra
en el valle de Valderrodíes llegamos a San Andrés,
donde se conservan escudos y viejas casonas; no en vano en San
Andrés se reunían a concejo los vecinos de éstos
pueblos con ordenanzas comunes. Cerca de este lugar existió
el núcleo de población de Labandón. En la
iglesia parroquial destaca en el muro de la Epístola una
bella puerta románica con arco apuntado, con arquivoltas
y capiteles decorados. En el ábside aún se conservan
canecillos, destacando una cabeza humana en uno de ellos. En
el exterior, en el muro de la sacristía, hay una arcada
doble con forma de herradura, de estilo mozárabe. Cerca
del pueblo hubo una torre defensiva.
Concluimos el viaje al antiguo valle de Valderrodíes
y al municipio de Cabezón de Liébana, acercándonos
a los pueblos de Buyezo y Lamedo. En Buyezo se encontraba
el monasterio de San Pedro y en la pradería de Tornes
estaban las ermitas de San Martín y de San Pastor de Tornes.
Lamedo destaca por conservar un conjunto rural donde se
refleja la arquitectura popular lebaniega. En Buyezo y en Lamedo
siempre hubo grandes cazadores de osos y artesanos de la madera.
José Antonio Cires continua hoy con la tradición.
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